Nuestra Historia

Alimentación Tresviso nace con una apuesta total (un “all in” de libro) a manos de los tresvisanos Andrés y Nati en el año 1964

A los 5 años de bajar de Tresviso a la Hermida con su sobrina Florencia, Andres y Nati, deciden dar un paso más e instalarse en la ciudad del dólar (así se llamaba a Torrelavega por aquel entonces).

Las ideas estaban claras; conseguir una estabilidad y un futuro para la niña Floren y demostrar que sus tíos la podían dar una oportunidad tal y como se comprometieron con Eulogio y Vitorina (padres de Floren) en aquellas conversaciones en Tresviso a la luz de la lumbre.

La despedida de Floren por parte de sus padres fue muy dura y a la vez necesaria. Eran 5 hermanos y ella la más pequeña y por aquel entonces las dificultades eran todas y las necesidades más básicas estaban en peligro; hablamos de Tresviso, un pueblo aislado en los Picos de Europa, saliendo de una postguerra, inviernos de grandes nevadas, escasez y miseria era la dura realidad que obligó a Floren a despedirse de sus padres y tenerse que criar con sus tíos, los cuales estuvieron a la altura al 100%.

Tras esta vivencia, ese espíritu de lucha se mantiene y es el motivo por el cual hoy sigue el comercio abierto ya que en los momentos más difíciles es cuando hay que demostrar si merecemos seguir aquí.

En Alimentación Tresviso tenemos un objetivo muy importante cuando hablamos de juntar el ámbito rural con el urbano. Hasta los años 80 era más sencillo e incluso habitual que productores cercanos de la manera más natural nos vendían sus frutas, verduras, hortalizas, huevos, leche, quesos, miel, etc y la gente venía a por alimentos de verdad, a por manzanas “de las feas” o tomates “de los feos”, teniendo claro que en esa compra estaba la autenticidad, calidad, sabor y precio.

Todo ha cambiado y conseguir alimentos frescos y reales (sin brillos ni pegatinas) se ha vuelto una odisea, aparte del añadido legal con la intervención de la burocracia, llegando al punto de nosotros mismos tener que cultivar las tierras de Juan Luis (marido de Floren) para poder seguir con esta labor tan importante. Y es tan importante a día de hoy por lo difícil en lo que se ha convertido acceder a un producto auténtico, directo de la tierra, cercano y a su vez tan necesario y saludable.

Nos negamos a dejarnos llevar por la corriente siendo una frutería más o una tienda de ultramarinos “antigua y punto” por el hecho de haberla mantenido abierta durante tres generaciones, que sí, tiene su mérito, pero la lucha consiste en seguir abierta a dia de hoy y que al entrar dentro de ella podamos encontrar productos de los años 60.

La parte de Juan Luis (marido de Floren) ha jugado un papel muy importante en las labores y conocimientos agrícolas, trasladando todo su conocimiento, fortaleza y constancia (necesarias en las labores de campo), tanto como para cultivar como para comprar a productores. Esta segunda generación (Juan Luis y Floren) es especial porque ha visto nacer el negocio, lo han llevado durante muchos años y son testigos de la entrega de responsabilidades a la tercera generación; aquí hablamos de su hijo Juan Luis y su pareja Cristina.

Juan Luis y Cristina conscientes del legado familiar y de la importancia para la sociedad de no decaer en el consumo de un alimento artificial, dentro de la medida de lo posible siguen remando río arriba en contra de muchas comodidades.

Traemos a la tienda legumbres de cosecha propia, de origen regional y nacional. Son productores de confianza, conocemos a los agricultores, nos cuentan cómo ha ido la cosecha y toda esa historia llega a la tienda.

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